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El lobo


Como ya sabéis, en España se ha modificado la ley para que el lobo no se pueda cazar.

¿Qué supone esta medida? Repasando nuestra historia reciente vamos a viajar hasta 1970 cuando el gran naturalista Félix Rodríguez de la Fuente «logró» que el lobo pasase de ser una alimaña a especie cinética. De este modo consiguió evitar la más que segura extinción de este animal.

Él decía «que el lobo viva donde pueda y donde deba vivir» recalcando que no era lógico que se antepusiera la vida del animal a las personas que vivían en ese entorno.

Hoy, estas ideas de Félix han dado paso a otras muy diferentes, y a que el actual Gobierno haya cambiado la Ley para que no sea especie cinética y no se pueda cazar, de tal modo que se está expandiendo a zonas en las que hacía décadas que no estaba presente. La caza es ecología y sirve para mantener el equilibrio en los ecosistemas.

Desde un punto de vista de «mundo Disney» es una buena noticia el imaginar que el lobo va a decorar los montes de toda España… Lo malo es que en el mundo real en el que vivimos, esta expansión se debe principalmente a que el lobo se alimenta de los ganados que pastan en esas zonas. Es decir, los lobos acuden a esas zonas porque tienen comida, y esa comida son los rebaños de ovejas o vacas que los ganaderos crían para mantener a sus familias (y con ello también mantienen vivos a muchos pueblos enteros).



Así, los ganaderos deben asumir constantemente unos daños que hacen más inviables aún si cabe, la supervivencia de su modo de vida.

Habrá alguien que piense: «bueno si el lobo mata un animal de una ganadería, que la administración pague al ganadero por ese daño y solucionado»…

Pero volviendo al mundo real (recuerda, no al de Disney), resulta que nunca se compensa al ganadero justamente. Ellos denuncian que solo les pagan por su animal si se puede demostrar que ha sido por un ataque de lobo. Si en el ataque el ganado ha caído por un terraplén o no se encuentra el cadáver, no se compensa. Además hay cuantiosos daños que no se pagan, como los costes que suponen las hembras que abortan o que no entran en celo a consecuencia del trauma o que quedan heridas. O la pérdida de genética de los animales que durante años han sido seleccionados por el ganadero.

Y si a todo esto le sumamos los costes de mantener a varios perros mastines (se estima que más de 1.000€ al año por perro, y hacen falta varios para proteger al rebaño), obras en las edificaciones o simplemente una mayor carga de trabajo y complicaciones (en una profesión que ya de por sí es dura), hacen «del lobo» la tormenta perfecta para destruir más si cabe al medio rural.

Recuerda, «que el lobo viva donde pueda y donde deba vivir».

Más sobre este tema en «El libro La vida en el campo y en el pueblo».

https://www.tiendacultoro.com/p8961835-la-vida-en-...


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