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El precio de la leche


Los alimentos que compramos en la tienda no aparecen allí por arte de magia: hay alguien que los produce. Y para producirlos debe asumir una serie de costes, además de su trabajo.

En el caso de la leche de vaca, el ganadero debe asumir el coste de unas instalaciones, de la compra de las vacas, de su alimentación, de los gastos veterinarios, pagos a la seguridad social, seguros, electricidad... y su trabajo.

Pero... ¿cuál es el problema?

Que hoy al ganadero, quien le compra la leche, se la paga a un precio con el que no puede rentabilizar lo que le ha costado producirla. Le pagan menos que lo que a él le cuesta producir la leche.

La solución sería fácil: si a los ganaderos «les suben» el precio del pienso, del gasoil, de las exigencias en las instalaciones, de los pagos a la seguridad social... que ellos vendan la leche que producen más cara, ¡y apañado!

Peeeeeeero la realidad es otra.

La leche se la compran grandes corporaciones que deciden a cuánto deben pagársela a los ganaderos.

Esto, en principio no es ni bueno ni malo...

Salvo que por contrato el precio está fijado para al menos un año entero, por lo que si durante el año al ganadero le suben el precio del pienso, de la electricidad, del gasoil... debe seguir vendiendo la leche aunque pierda dinero.

¿Y por qué las grandes empresas que compran la leche no ajustan el contrato para que el ganadero no pierda en estos casos? Porque al final, las grandes superficies son las que marcan el precio de la leche que venden en sus tiendas.

Si las grandes superficies deciden que la leche la venden a x€ el litro, la distribuidora se ajusta a suministrársela para que así sea, aunque sea un precio ruinoso, ya que las pérdidas de ese precio no las asume ella, sino hace que las asuma el ganadero.

Normalmente las grandes superficies usan la leche como «gancho» para que vayan los consumidores a ellas con el reclamo de poder comprar un alimento básico a precios bajísimos, y de paso que se queden allí comprando más cosas, en las que ganan mucho dinero.

¿Y por qué el ganadero no se rebela y denuncia a estas grandes empresas?

Porque le supondría que nadie querría comprarle la leche. Nadie iría hasta su granja a llevarse la leche que produce, por lo que tendría que abandonar su oficio.

En resumen: al ganadero le obligan a vender la leche bajo unas condiciones, sí o sí, ya que si no está de acuerdo con ellas, básicamente lo único que puede hacer es dejar la profesión. Por eso cada vez hay menos ganaderos en España.

Y los pocos ganaderos que quedan deben tener muchísimas vacas para poder sobrevivir, ya que el beneficio que deja cada litro de leche (cuando lo hay) es tan pequeño que se necesita producir muchísimo para poder subsistir.

Con esta explicación, de vuestra oveja influencer, espero que además de conocer una triste realidad también os sirva para dar mayor importancia al esfuerzo de estos ganaderos que aun viviendo un drama, aún siguen en pie para darnos de comer.

¡Gracias ganaderos!


En «El libro de la vida en el campo y en el pueblo» los más pequeños de la casa conocerán el mundo real que les rodea.


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